Los que me conocen sabrán que para mí el mejor momento
del día es el atardecer. En los atardeceres siempre pasan cosas bonitas. Es el trance entre el día y la noche, suspiros de lo que ha pasado e incertidumbre de lo que puede pasar.
Como cada atardecer será el libro que nunca escribiré,
las cosas que nunca dije y los pensamientos que nunca compartí. Trocitos
de mí, de lo que me conmueve, de la vida.
Es mi “quiero y no puedo”, mi “porque me hace
ilusión”. Y creo que no hay mejor motivo que ése. Comenzamos.
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